Historia de «Los 11 trastornos mentales más sorprendentes»

Una frase, leída hace muchos años, fue la semilla que, con el pasar del tiempo, dio origen a este libro. La frase decía: «la psiquiatría ―psicología― se está volviendo demasiado popular. Todo el mundo habla de complejos y neurosis, de psicosis y coacciones, y sabe Dios qué».

En su momento me hizo pensar en que tal vez existía ―y existe todavía― una tendencia demasiado médica que lleva a etiquetar como trastornos psicológicos conductas que en realidad no lo son, aunque en ocasiones incluso puedan resultar problemáticas para quienes las padecen o para las personas de su entorno. Me parece que hay un exceso de síndromes, complejos, trastornos… Se preocupa demasiado a la gente.

 

Los trastornos mentales existen, por supuesto. Al igual que la enfermedad física, existe la enfermedad mental. Pero no todas las alteraciones o variaciones de la psicología de los seres humanos son enfermedades, por muy extraños que algunos comportamientos resulten.

En los últimos tiempos se oye hablar demasiado de trastornos como el síndrome de Peter Pan, el síndrome de Hikkimori, la oniomanía (adicción a las compras), el síndrome de Diógenes, el síndrome de Ulises… y muchos otros. Da la sensación de que casi cualquier cosa que alguien haga, piense o sienta puede acabar convirtiéndose en un trastorno mental. Creo que todas estas expresiones a veces se utilizan demasiado a la ligera, etiquetando y clasificando innecesariamente a las personas, con todo lo que eso supone. Además, la realidad es que no todos ellos tienen la consideración clínica de trastorno psicológico.

Así que se me ocurrió que para explicar qué es y qué no es un trastorno mental lo mejor era escribir un libro sobre algunos de los más sorprendentes y de paso explicar qué es realmente un trastorno mental y cómo se llega a descubrirlo y clasificarlo. Además, hablo de algunas curiosidades que hay en torno a cada uno de los trastornos que se tratan en el libro, junto con aclaraciones, breves biografías de sus descubridores, etc., para así hacerlo ameno y de fácil lectura.

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«No hay mortal que sea cuerdo a todas horas». Plinius Secundus. Escritor latino.

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